Cuando la pesadilla cae oscureciendo el cielo, en el que anhelamos que brille el sol, haciéndolo sobre aquello o aquel a quien queremos por encima de nuestra propia vida es un auténtico cataclismo.
Unos segundos, y todo cambia. Un dedo acusador sin medir consecuencias y cuatro días de auténtica locura.
Días de temor ante una situación desconocida, de incredulidad ante la aplicación de las normas y las leyes, de desesperación por no poder hacer nada mas que esperar, de impotencia por no poder cambiarme por él.
Y a lo lejos la única fe de que la verdad irradie de nuevo la luz que nunca tuvo que apagarse.
Pero intentando buscar un sentido, todo lado negativo tiene su lado positivo, y por eso mismo a pesar del dolor, la angustia y el sufrimiento también han sido días de...
Verdadera unión en la que los futuros adultos, esos que llamamos adolescentes y jóvenes y que no creemos preparados para los golpes de la vida, demuestran su auténtico valor.
Días en los que la palabra amistad se graba a fuego en el corazón, adquiriendo su verdadero sentido, más allá de alegrías, juegos y juergas.
Siempre he valorado mucho la verdad y la he defendido incluso aún cuando duela; y así lo he inculcado.
Esa enseñanza en estos días ha dado tantos frutos, me ha devuelto tanto!
Mi tesoro más preciado, la sangre de mi sangre, la vida de mi vida, ha ganado con la verdad, con su aplomo y su firmeza, con su serenidad.
La verdad ha vencido y con ello el reconocimiento de que nuestros jóvenes, nuestros hijos son grandes; muy grandes cuando sus cimientos se basan en la honestidad, la fidelidad a sus principios, la amistad y la sinceridad
El dedo acusador se ha marcado a si mismo y ha servido para con sus mentiras e incongruencias reforzar si cabe aún más los lazos de unión entre unos jóvenes que son un bello ejemplo.
Unos jóvenes que en estos días me han dado su cariño, su cercanía, su apoyo, han secado mis amargas lágrimas, han compartido mi dolor, han acompañados mis largas horas de espera... y al final me lo han devuelto a él, al centro de mi vida.
Por ello y por la verdad que siempre prevalece, aunque a veces el precio sea duro, la oscuridad tuvo su fin y la luz vuelve a brillar.
Me queda el orgullo de saber de que buena pasta están hechos nuestros jóvenes, y no estoy generalizando, sino tomándolos como míos porque este grupo ya forma una parte muy especial de mi.
Habéis tenido el reconocimiento de personas de ley en cada uno de sus distintos ámbitos, y aunque sé que no leeréis estas pobres encadenadas letras, es de justicia que os las dedique a vosotros, los que tendréis un lugar de honor en mi recuerdo y en mi corazón durante toda mi vida.

Gracias hijos... gracias hijo...!
12 de julio de 2007
A todos los que me acompañáis en este pequeño rincón con vuestro tiempo, vuestras palabras y vuestra presencia, disculpad mi ausencia de estos días. La normalidad vuelve a mi vida, y poco a poco volveré por vuestras casas.
*Fotografía de Noa